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Éxito en el estreno de Gulag

16587071_1441026162605128_1956138014945052415_oFinalmente se estrenó Gulag el pasado 9 de Febrero en el Teatro Pérez Galdós de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Reseñamos una de la críticas que apareción en el diario Canarias 7 posteriormente. Fue el 11 de Febrero y la firmaba Victoriano S. Alamo.

Gracias a cuantos llenaron el coso capitalino y que nos arroparon con sus largas ovaciones….

Dimitri Shostakovich era consciente, como casi todos los habitantes de la extinta URSS, de que había llegado el final si una madrugada aporreaban la puerta de su casa. Por este motivo, el compositor ruso, que forma parte de la historia de la música por derecho propio, dormìa vestido y con una maleta con lo imprescindible al lado de la cama. Incluso, tal y como narra en la estupenda novela El ruido del tiempo, el británico Julian Barnes, a veces se pasaba toda la madrugada junto al ascensor esperando a que llegase a buscarlo la temida policía secreta estalinista. Si así era el día a día de una «gloria nacional» soviética, resulta difícil de asumir lo que vivió el resto de la población durante aquellas décadas de terror estatal. Se sabía que a los detenidos, salvo en excepciones muy puntuales, lo que les esperaba tras la detención eran sesiones de tortura, una ejecución sumaria o unos largos y penosos años en los temibles gulag. Allí, en campos de trabajo y exterminio, el sufrimiento superaba cualquier límite imaginable para una persona cuerda.

16665371_1441027379271673_1612800642971973456_oShostakovich, como otros creadores soviéticos, sobrevivieron durante años bajo este terrible yugo. Conscientes de que una nueva creación, que los censores considerasen que no seguía los principios impuestos por el Estado a base de sangre y fuego, tendría unas consecuencias terribles.

«Censurar no es matar», explica el militar de alto rango Zhdanov, en un pasaje del montaje Gulag. Una reflexión que abre una de las vías que, con inteligencia, explora este montaje con el que el teatro Pérez Galdós ha puesto en marcha su ciclo La música como literatura. Muchos artistas no perdieron la vida, pero sí la libertad creativa. Y cuando, como le ocurría a Shostakovich, la música dotaba de sentido su existencia, estamos hablando de una situación peliaguda. Estos creadores se transformaban así en muertos en vida, tanto artística como físicamente.

Este complejo universo es el que retrata con brillantez el montaje escrito y dirigido por el ingeniense Nacho Cabrera. Se sustenta, por un lado, en la propia música de Shostakovich. Le acompaña la mencionada novela de Julian Barnes y la tercera pata la asume el texto Cartas de amor a Stalin, del dramaturgo Juan Mayorga.

img_4652El resultado es un espectáculo muy poco usual y denso, que se desarrolla durante casi 90 minutos con una puesta en escena elegante y muy eficaz. Sobre el escenario, la interpretación musical corrió a cargo de un cuarteto de cuerda y un pianista. El quinteto de músicos canarios estuvo brillante, a pesar que la carga escénica que les exige Gulag, lo que hizo que, durante los primeros instantes, se les viera algo dubitativos y tensos. Después cogieron vuelo, junto al actor Miguel Ángel Maciel, narrador y protagonista casi absoluto de la obra.

Las dos siguientes entregas del ciclo son Free Bach 212 y Satie. Monólogo musical para dos pia- nos mudos.

Canarias 7. (11.2.2017)

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¡Parece Mentira!. Crítica La Provincia

Los ImpostoresLos pasados días 15 y 16 de Mayo se puso en escena Los Impostores en el Teatro Cuyás. Adjuntamos la crítica del diario La Provincia, hecha por Fabio García del día 18 de dicho espectáculo.

Partiendo de la ineludible realidad que el único sustituto de la verdad es la mentira, en Los impostores los miembros de una familia la utilizan constantemente para enfrentarse a la veracidad. El resultado es que las falsedades que dicen y viven se convierten en barrotes de una celda que van construyendo a su alrededor, hasta verse atrapados por sus embustes. Así, con cada engaño están obligados a inventar otro para mantener el primero, con lo cual a través de sus patrañas emprenden un viaje sin retorno a la mendacidad. La mejor actuación es la de Miguel Ángel Maciel, a la cual se añade la musicalidad de su acento argentino. Del resto, Toni Báez demuestra su versatilidad interpretando un papel completamente opuesto al Agamenón que vimos hace una semana. Pero lo mejor es el texto, una ocurrente historia compuesta a cuatro manos por QY Bazo, seudónimo de los hermanos Enrique y Yeray Bazo, que en ningún momento decepciona o aburre. La idea de que la historia esté contada por un muerto, es decir, por el único ser que no tiene necesidad de mentir para adornar su vida, es muy adecuada. También la escenografía, en la que los personajes se encuentran dentro de un cubo del que no pueden salir, cuyos lados poco a poco van fortaleciendo con barrotes, figurados por tiras de tela a modo de metáfora de la red de embustes que han tejido, y en la cual han terminado cayendo. A través de una estafa piramidal Los impostores muestra que la crisis económica ha sido resultado de una gran mentira de todos: los bancos, los organismos internacionales, los estados e incluso de los economistas, porque todos defendieron falsedades.

Fabio García.

Clickea aquí para leer la crítica

Justicia en el Guimerá para el Ciudadano Yago

Cada crítica que nos llega, nos empuja en volandas a seguir adelante en esta trinchera de la cultura. Pero cuando esos apuntes críticos, vienen de gente con criterio y referentes de nuestra cultura, nos sentimos premiados y sobradamente recompesados por el trabajo del día a día…. Infinitas gracias Victoriano por el artículo que guardaremos con el cariño que se le profesa a un hermano…. Salud y Republica…

En este link puedes ver el artículo al completo

Justicia en el Guimerá para el Ciudadano Yago

 

Escritor y crítico literario

Escritor y crítico literario

Magistral lección de arte dramático es la impartida el pasado sábado, 22 de febrero, en el Teatro Guimerá de la capital tinerfeña de la mano de un majestuoso Miguel Ángel Maciel, de la compañía Teatro La República, quien condujo, como solo los muy grandes saben hacerlo, un texto (Ciudadano Yago de Nacho Cabrera) que, en sí mismo, es todo un reto para cualquier actor que se precie o que busque ser apreciado, pues no estamos precisamente ante un texto sencillo desde el punto de vista técnico: sobre la base de un monólogo se producen numerosos desdoblamientos de personajes procedentes del Otelo shakesperiano que configuran los diálogos y, en según qué momentos, las acotaciones, más propias en ocasiones de la narración que del estilo directo teatral.

A la admirable por su belleza complejidad del texto (créanme, es increíble lo que Nacho ha compuesto) y a la memorable intervención de Maciel, cautivadora y merecedora, si hubiera justicia, de un Max, un Molière, un Olivier o un Tony, o los cuatro premios a la vez, hay que sumarle la presencia simbólica de un álter ego del protagonista, quien troca las palabras por la música, lo que se traduce en una suerte de cohesión que permite consolidar la secuencia principal de la representación: Yago frente al tribunal del tiempo, como se apunta en la inminente edición en formato libro de la obra teatral.

Este otro yo es el papel que, con igual maestría, desarrolla Rubén Sánchez Araña. A pesar de que el eje central de la obra recae sobre el extenso monólogo de Maciel, lo cierto es que la misión de Sánchez Araña no es baladí en la pieza representada, pues sus palabras-musicales y su situación en el escenario, tan próxima en los movimientos y en los referidos desdoblamientos, convierten en esencial su participación en el desarrollo de la trama. No es la suya una música de compañía para crear ambiente; no, ni mucho menos. La música de Rubén son las palabras de Maciel: estas no pueden convivir en el progreso del argumento teatral sin la otra. Ambos despolarizan el desarrollo discursivo para que se equilibre, para que surja la connotación simbólica de que las dos entidades actorales son necesarias para que el sentido de justicia que persigue el texto de Nacho se consolide. La dualidad representada por la balanza de la justicia (culpable vs inocente) es la que se construye con la presencia de estos dos metafóricos platillos que penden de un propósito: que los asistentes, las señorías de la historia, se pronuncien definitivamente en el juicio al que Yago debe ser sometido, cuando termine el acto y gracias a que ha sido escuchado.

El trabajo impecable sobre el escenario es el resultado del enorme talento de los dos actores y, como no puede ser de otro modo, del extraordinario trabajo realizado por el equipo técnico, con Nacho Cabrera a la cabeza, en la dirección, y (dejo al margen a muchos otros nombres que, sin duda, se me quedan en el tintero de mi teclado: escenógrafo, iluminación, transporte…) con la gran labor logística realizada por Héctor Muñoz. Este, Nacho, Miguel Ángel y Melisa Espino (responsable del área pedagógica del grupo teatral) constituyen el núcleo de Teatro La República, la compañía responsable de que Ciudadano Yago se haya convertido en una de las mejores producciones teatrales hechas durante el último año en toda España. (Pregunto: ¿Algún gestor cultural político de Canarias sabe esto?).

En julio de 2013 se estrenó Ciudadano Yago, y aunque hasta ahora no ha tenido el número de representaciones que se merece, lo cierto es que su puesta en escena ha cautivado a cuantos han visto la obra, un público que huye de lo inmensamente cómodo para someterse al placer de lo intensamente conflictivo, tanto en lo retórico como en lo social. Quienes han visto la obra no pertenecen al cupo de los candorosos, como tampoco son miembros de esta “cofradía” los que han profundizado en el sentido del Otelo de Shakespeare (1604). He ahí una clave de lo que el espectador puede esperar de esta pieza de Nacho Cabrera: nada es ingenuo ni superficial, nada es travieso o propio de almas revoltosillas, nada es ñoño; al contrario, todo es fuerza en el texto, vigor, transgresión, ruptura, subversión, pero siempre desde un orden, siempre desde una coordenada perfectamente trazada y que me permite aventurar que este Ciudadano… que me ocupa es el que hubiese escrito el mismo genio de Stratford-upon-Avon si viviese en nuestros días.

Esta precisa y perfecta segunda parte de Otelo se aprecia más cuando se tiene muy presente el texto de Shakespeare. Si nos quedásemos exclusivamente con la propuesta de Ciudadano Yago, la experiencia teatral sería en sí misma grandiosa, como lo es la audición de El anillo de los nibelungos de Wagner dejando de lado el tema mitológico germánico; mas cuando el texto de Nacho sigue al conocimiento y la presencia constante del que compuso el autor de Romeo y Julieta, la referida experiencia se muestra sublime, inevitablemente catártica.

Nacho ha tomado un gajo del árbol “oteliano” y lo ha plantado en nuestro siglo actualizando la clave de su razón de ser: en el siglo XVII, el honor y su posible pérdida conllevaban los celos y sus consecuencias; en el siglo XXI, los prejuicios -un problema de comunicación- traen consigo a su vez la necesidad de que se disipen con la justicia.

Así es, mi dilecto lector, el Ciudadano Yago que gozó el público de Santa Cruz de Tenerife el pasado sábado 22 y, el día anterior, el público de Puerto de la Cruz; y este será el que, por fortuna, podrá nuevamente disfrutar el público grancanario los próximos días 21 y 22 de marzo en el palmense Teatro Guiniguada.

Ojalá que estas sesiones sirvan para consolidar en la conciencia del público la existencia de esta joya teatral, todo un reto intelectual y estético que bien merece la pena ser disfrutado, pues en ellas se ofrecerá al mundo para su inmortalidad la edición textual de la obra, que para entonces verá la luz como quinto título de la Biblioteca Canaria de Lecturas (Mercurio Editorial).

Crítica de un espectador. Teatro Guimerá

De las cosas más maravillosas que le puede pasar a una compañía de teatro, es tener espectadores como Daniel Molini. No tenemos el gusto de conocerle, pero no queríamos dejar pasar la bonita oportunidad para agradecerle palabras tan maravillosas. Ojalá nos podamos ver pronto.

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Crítica de Ciudadano Yago, por Alejandra Flores

Actriz y Docente Teatral. Buenos Aires (Argentina)

Actriz y Docente Teatral. Buenos Aires (Argentina)

Amigos, Me resulta dífícil comentarles mis impresiones sobre el espectáculo, siguiendo algún tipo de lógica. Comienzo nombrando lo que más me impresionó de todo lo que tanto me gustó. Un espectáculo sobre un Shakespeare, contemporáneo, unipersonal, con músico en vivo, etc ,etc, que logra no caer en las trampas que la propuesta misma despliega sobre el campo de trabajo, es sin duda una proeza. Desde la dramaturgia hasta la actuación, han evitado con inteligencia y elegancia todas las entendibles tentaciones que los rodean a diestra y siniestra.

Una dramaturgia no condescendiente. Una dialéctica justa entre lo que se informa, lo que se comunica y lo que deliberadamente se muestra ambiguo. Ambiguedad que refuerza y problematiza la idea polarizada de los buenos y los malos. Evitando la tentación, por cobardía o inocencia (?), de ser pedagógica, la versión del texto se vuelve un recorrido a transitar que sólo se esclarece sobre la marcha.

La sobriedad de todas las decisiones de puesta y de la dirección de actores contribuyen a poner en primerísimo plano, la historia, las palabras.

Me parece tan interesante ver que un director experimentado y lleno de recursos, con un actor de la ductilidad y eficacia de Miguel, haya DECIDIDO contar una historia, un punto de vista. La valentía de poner el saber y el ego al servicio de la obra, y correrse (aún en un unipersonal ) del primer plano, es un acto hermosamente poético que sólo habla de sus virtudes artísticas.

En la misma línea se inscriben las decisiones musicales y de luz.

Me alegra mucho, lo mejor para ustedes Seguimos charlando. Abrazo.

Alejandra Flores. Buenos Aires (Argentina)

Crítica a CIUDADANO YAGO en la revista Masteatro

Maravillosa crítica que hace de nuestro espectáculo la revista especializada masteatro. Aquí les dejamos a modo de resumen, algunos fragmentos…

“Yago desde el comienzo se dirige a la audiencia posicionándoles como tribunal del supuesto juicio, haciéndoles responsables de decidir si es culpable o no.”

“Nacho Cabrera, director y autor de esta versión de Otelo, apuesta muy acertadamente por recuperar a este rico personaje, Yago y darle la oportunidad de expresar sus sentimientos puesto que él realmente se considera inocente y como cualquier ciudadano tiene derecho, como mínimo, a ser juzgado y a justificar sus actos. Con esta idea tan original por parte del director y autor se abre la caja de pandora, ya que existe ahora la necesidad de juzgar a más personajes que históricamente han quedado como los malos malísimos, sin la oportunidad de poder expresar el porqué de sus actos”.

“Destacar el magnífico trabajo de interpretación del actor Miguel Ángel Maciel. Hermoso trato y cuidado en la técnica de la palabra, orgánico en todos sus sentimientos, control y belleza en los movimientos corporales, en definitiva,  se aprecia un trabajo duro pero con un resultado proporcionalmente brillante. Se adivina la perfecta compenetración entre director y actor ya que el trabajo está más que conseguido”

“Lo acompaña Rubén Sánchez y el sonido de su violín, instrumento que habla, que pone en situación al espectador, que recobra vida convirtiéndose por momentos en la amada Desdémona e incluso pasado a convertirse en el arma del delito, la espada. El músico Rubén no solo toca maravillosamente el violín sino que da pinceladas a la interpretación encarnando diferentes personajes en los flash-backs de Yago.”

“En definitiva, “Ciudadano Yago”, es una obra inteligente y muy cuidada a la que le esperan, a buen seguro, muchas funciones para que el público pueda disfrutarlo.”

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